Mi hija, un bebé de alta demanda

, en: Alta demanda

Hace tiempo que tengo pendiente hablar sobre este controvertido tema, porque hay muchas opiniones diferentes sobre si los bebés de alta demanda existen o es simplemente una etiqueta que le ponemos a los niños muy inquietos, (aunque la alta demanda no es simplemente ser inquieto, es mucho más). No creo que por decir que mi hija es cómo es, signifique que la esté etiquetando. Es más, creo esta “etiqueta”, puede ayudar a muchos padres a entender mejor a sus hijos y por eso he decidido publicar este post y alguno más en el futuro. Porque gracias a que alguien escribió sobre estos niños tan intensos, dejé de culparme, dejé de pensar que mi hija estaba enferma, entendí el porqué de muchas reacciones y aprendí a criar a mi hija de un modo diferente.

La característica que mejor define a un bebé de alta demanda es la intensidad. Son intensos en todo, menos en dormir, aunque se puede decir que también, duermen con tanta intensidad que sólo necesitan unas pocas horas de sueño. Son muy inquietos, necesitan estímulos constantes y cambiar rápidamente de actividad. Se agobian con mucha facilidad, tienen la mente muy despierta, (yo creo que no descansa ni cuando duermen), les encanta explorar e investigar por todos lados. Son muy sensibles, necesitan apego constante de sus padres, sobre todo de la madre. Se frustran enseguida, necesitan mucha atención y mucha ayuda para controlar sus emociones, que no son pocas. Por eso son excesivamente demandantes a la hora de mamar, además de hacerlo con mucha frecuencia, ya que seguramente sea lo único que consigue mantenerlos relajados y apartados de un mundo lleno de estímulos.

La alta demanda no es una enfermedad, ni un trastorno, es una forma de ser y de actuar.

Cuando SB nació, con los ojos abiertos de par en par, lloró con tanta fuerza e intensidad que la matrona me miró y miró a todo el equipo asustada y exclamó un, ¡Madre mía!. Nadie se creía que un bebé de poco más de 2 kilos y medio, de 37 semanas, pudiese llorar con tanta potencia.

Los primeros meses fueron muy duros, el día se dividía entre lloros, brazos y teta, mucha mucha teta. Mamaba a todas horas, tanto de día, como de noche y la pedía con urgencia y a gritos. La época de los “cólicos”, (desde las 3 semanas hasta los 3 meses), en las que lloraba sin consuelo, desde 6 de la tarde hasta las 12 de la noche que se dormía de puro agotamiento. Nos turnábamos con ella en brazos y muchas noches no podíamos ni cenar. No funcionaba nada, ni el porteo, ni la teta, ni implorarle a los dioses un segundo de descanso. En los dos primeros años las noches han sido terribles, se dormía muy tarde, sobre las 12 o 1, las mejores noches se despertaba unas 4 veces a mamar, (que estaba enganchada casi una hora) y las peores unas 8 – 10 veces con paseos nocturnos en brazos entre medias. Y eso que colechamos, que me tenía cerca todo el rato.

Cuando tenía 4 meses, me apunté a un grupo de masajes para bebés. Tenía muchas ganas de hacerlo, pero fue un fracaso. En cuanto la desnudaba y empezaba el masaje se ponía a llorar. Le daba de mamar y así estaba casi toda la clase. Solo fui a 3 clases, porque me daba hasta vergüenza, iba con la esperanza de que ese día estuviera más receptiva, pero no. Era el único bebé de los 20 que habían, que lloraba y no aceptaba que le tocasen ni un pelo. Llegué a pensar que le pasaba algo, pero no, en los controles pediátricos todo estaba perfecto, ganaba peso, crecía y no había rastro de enfermedad alguna. Tampoco aceptaba, estar ni un segundo en la hamaca, ni el coche (era su tortura número 1), ni el carro, ni el porteo, con lo cual para salir a la calle había que hacerlo con ella en brazos.

Fue bastante precoz en algunas cosas, aprendió a gatear muy pronto (5 meses) y a moverse por toda la casa. Tuvimos que asegurarlo todo, absolutamente todo, porque no dejaba nada sin abrir o sin romper. No prestaba atención a los juguetes, ni a la tele, no estaba quieta en el mismo sitio ni 5 segundos. Tenía que estar todo el rato con ella, porque si me separa más de un metro, lloraba. Para hacer cualquier cosa de la casa, debía de hacerlo con ella en brazos. Si lloraba lo único que le calmaba era la teta y su tono de llanto era estremecedor. En resumen, era agotador vivir con una niña pegada día y noche, que dormía menos de 8 horas al día.

Durante esos meses pensé que debía de estar haciéndolo todo mal, porque hablaba con otros amigos y conocidos con hijos y a ninguno le pasaba lo que a nosotros, me daban consejos y nada funcionaba. Los vecinos me preguntaban constantemente si mi hija estaba enferma, porque no era normal que llorase tanto y me frustré. Estaba feliz porque tenía a mi hija, pero también triste porque no sabía cómo sobrellevar su crianza. Sin dormir, sin descansar, porque no nos daba tregua. Hasta que un día vi un post que hablaba sobre bebés de alta demanda, lo leí por curiosidad, porque realmente no sabía qué era eso. Conforme iba leyendo, iba abriendo la boca más y más, y en cuánto acabé, le mandé el enlace al Padre de las Criaturas con una frase: “Ya sé porque nuestra hija es cómo es, ¡¡es qué es de alta demanda!!”

Puede parecer una tontería, pero conforme más me informaba, más tranquila me quedaba. Mi hija no era así por mi culpa, no éramos los peores padres del mundo. Simplemente era que nuestra hija es especial, especialmente intensa, intensamente cariñosa, intensamente sensible, intensamente amorosa e intensamente despierta, sobre todo eso, despierta.

La crianza de SB está siendo muy dura. Sé que criar y educar a cualquier niño es complicado, tengo otro hijo y aunque es un terremoto, con él todo es más sencillo que con su hermana. Ragnar llegó para demostrarnos y confirmarnos que no todos los niños son iguales, ni necesitan las mismas cosas.

Y para acabar, lo hago con la frase que he leído en muchos sitios y la comparto totalmente:

Si que crees que los niños de alta demanda no existen, es porque nunca has conocido a uno.

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